Una doble suspensión de procesiones marrajas que la memoria no encuentra precedentes

El diferente y sentido final marrajo de esta Semana Santa también ha merecido ser grabado y guardado

Cientos de personas han cantado, bajo la lluvia, la Salve a la Soledad de los Pobres en la rampa de Santa María en el epílogo de unos desfiles marrajos muy castigados este año por la lluvia. Ha sido, posiblemente, la primera vez en la historia que la Cofradía del Nazareno se ve obligada a anular dos desfiles en el mismo año. GALERÍA DE FOTOS (pinchar aquí)



Parece que los marrajos han recuperado el estigma con la lluvia que bastantes veces se dio en el siglo XX, pero que se había suavizado en el actual, en la que sólo se habían visto obligado a suspender una procesión del Viernes de Dolores en la primera década y un Lunes Santo en la segunda. Este año sólo cumplió el guión previsto la procesión de La Piedad, pues el agua del cielo obligó a adelantar en dos horas el Encuentro y a dejar en Santa María los tronos de los desfiles del Entierro y de la Vera Cruz. ¿Alguna vez se había producido esa circunstancia de dos anulaciones marrajas en el mismo año? Un servidor no lo recuerda y preguntadas personas mayores, tampoco. También trasladamos la incógnita a quien durante muchos años fue hermano mayor, José Miguel Méndez, quien tampoco lo recuerda. “No sé si se dio algún caso en los primeros siglos, pero no me suena en el veinte”, indica a este diario, añadiendo que bajo su mandato, la cofradía se vio obligada a disolver la procesión de la madrugada instantes después de llevarse a cabo el Encuentro y después a suspender la procesión de la noche de ese año 2007. Tampoco le suena que se haya dejado de celebrar alguna vez la procesión de la Vera Cruz, el más joven de los desfiles morados. “Lo más parecido fue un Sábado Santo en el que, al aparecer la lluvia, se acortó la llegada, pasando los tercios desde Capitanía hacia el Gran Hotel y de ahí hasta Santa María. Posiblemente sea la primera vez que no se celebra”.



Esta conversación la mantuvimos con José Miguel Méndez en el interior del templo, donde se llevó a cabo un pequeño acto para dar calidez al desventurado año marrajo. A las ocho de la tarde, el sacerdote castrense Francisco Muñoz ha efectuado una oración desde el púlpito ante una abarrotada iglesia entre tronos y personas. “No hay mal que por bien no venga”, ha comenzado diciendo, tratando de animar a los procesonistas, para después expresar que la Virgen de la Soledad “nunca estará sola” y que tampoco se quedará sin escuchar la Salve cantada por su pueblo.



Tras ser esparcido serrín por el suelo para evitar resbalones y rezarse tres 'aves marías', una escolta de cuatro granaderos se ha dirigido hacia el exterior. Al pisar la rampa una gran ovación se ha escuchado y muchos paraguas, pese a que estaba lloviendo, se han plegado para facilitar la visión de lo que se avecinaba a la multitud presente. Los portapasos, entre los que iba el actual hermano mayor, Francisco Pagán, en la punta delantera de una vara, ha llevado el trono de la Virgen (imagen restaurada este año) hacia la rampa, quedándose la talla de González Moreno en el marco para evitar mojarse.

Los ciudadanos han cantado una Salve muy sentida y tras asomarse un par de veces la Virgen hacia ellos, se ha retirado. Al llegar, como es tradicional tras un momento especial, los abrazos se han sucedido entre los portapasos. Sobre las ocho y veinte de la tarde se acababa la participación marraja en la Semana Santa de 2019 en Cartagena.