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¿Ha devorado el Rocío a la cruz de mayo autóctona de Cartagena?

La celebración se ha convertido en una ‘gigantesca’ celebración urbana acompañada, en la gran mayoría de ubicaciones de música rociera, pero muchos han echado de menos la cruz con más raíces cartageneras, la que montaba cada año el Grupo Folclórico de La Palma junto a la Catedral Vieja.


La ausencia de este grupo palmesano ha sorprendido, de forma negativa, a un buen número de viandantes este año. “Es una pena, pues era la cruz realmente cartagenera”, indicaba un ciudadano, aunque en la misma línea se pronunciaron otros al ser preguntados por este diario. Esta ausencia ha abierto un ‘debate de calle’, pues mientras crecen y crecen las cruces con ambiente rociero (más algunas 'discotequeras'), la presencia de lo autóctono se ha reducido a la fachada del Palacio Consistorial, donde una de las actuaciones fue del grupo folclórico, además de que el alcalde y su esposa lucieron trajes tradicionales cartageneros. Otro guiño a nuestro pasado fueron los vestuarios modernistas del colectivo ‘Cartagena de mi alma’, entre los que se sumó el edil Juan Pedro Torralba.

Sin embargo, se ha echado en falta ‘la cruz de La Palma’, cuyo colectivo organizador siempre ha expuesto que el ambiente rociero nada tiene que ver con lo que era la Cruz de Mayo en esta tierra. “Buscamos la imaginación a través de la tradición”, exponía en 2014 su presidente, Pedro Gómez. Entre sus singularidades, recordar que en años anteriores (se estrenaron en 2009) la cruz fue formada por tostones, por flores de oliveras o por flores de nuestros campos, como margaritas, por citar unos ejemplos, acompañado el altar por elementos rurales y ofreciendo a los visitantes pasta flora, dulces de flor y vinos variados, entre otros productos, además de bailes y quintillas con letras del cancionero popular. Como se observa, una fórmula muy distinta a la que se ha observado en torno a las noventa barras que dicen que han ‘brotado’ en el casco urbano. “En Cartagena era una celebración sencilla, económica y popular, en la que la cruz se creaba con flores o productos de nuestros campos, o que sacaban los vecinos de sus casas, y durante las que se ofrecían michirones y otros productos, como el dulce de la flor, que significa lo máximo en una celebración”, recordaban entonces.


Pedro Gómez mostrando imágenes de la cruz en los primeros años, en una imagen captada en 2012


Algunos de los encuestados este fin de semana exponían que ha calado más el ambiente rociero porque el vestuario es mucho más económico que el típico cartagenero. Sobre este asunto, un integrante del grupo ha comentado que no es así, “pues realmente en la cruz que montábamos se puede participar con el vestuario de calle que normalmente lleve cada ciudadano, pues en su día no requería un traje especial, sino que el típico cartagenero era el de la época”, señaló. Otro comentario de ciudadanos apuntaban la posibilidad de separar la tradición de la fiesta rociera. También los hay que critican copiar a otros lugares teniendo una historia propia y los que defienden la situación actual, “pues la masiva presencia de ciudadanos así lo refleja”. Opiniones en uno y otro sentido no faltaron en un fin de semana espectacular en ambiente, pero en el que no pasó desapercibido el vacío de la cruz más cartagenera.