Purísima devoción

La imagen de la Inmaculada Concepción ha recorrido el barrio que lleva su nombre y visitado el Asilo de Ancianos arropada por numerosos vecinos en el cierre de las fiestas patronales, que ha tenido como novedad el reparto de bizcocho y vino viejo en la calle Progreso, al paso de la Virgen.

Pedro Vera, quien no ha faltado a una procesión desde que hace 58 años dejó de residir en el barrio, es un ejemplo del sentimiento que impregna la marcha.



El gran día del barrio de la Concepción ha acogido una matinal de convivencia con el baile del vermú, un almuerzo popular en torno a un gran arroz y un cierre cargado de sentimiento con la procesión de la Inmaculada Procesión. Poco después de la plena caída del sol, numerosos vecinos han acudido ante la fachada de parroquia de la Concepción para ver salir a su Virgen.



La Inmaculada Concepción ha partido, entre ‘vivas’, desde el interior de la iglesia a hombros de sus portapasos. “Miralá, miralá”, se podía escuchar en el exterior cuando su figura comenzaba a verse tras el pórtico mientras sonaba el himno de España interpretado por la banda de cornetas y tambores Jóvenes del Mar Menor. Al detenerse, se le ha tributado el primer canto de la Salve de la noche.

Después se ha formado la procesión, en la que han marchado el párroco, Antonio Carpena, y representantes de la asociación de vecinos del Barrio de la Concepción, junto a numerosos devotos. Entre el grupo de promesas que cerraba la comitiva estaba Pedro Vera, un ejemplo de la devoción que genera la imagen. En el año 1960, tras contraer matrimonio, dejó de residir en su barrio natal, pero desde entonces no se ha perdido ni una sola procesión, entre otros actos en honor a la Virgen. Su sentimiento, como nos expone, es inmensa hacia ella y cada año no falla en acompañarla. Ha vivido procesiones muy diversas, nos recuerda, como “las que llevaban al piquete de Infantería de Marina”, rescata especialmente del pasado.

La procesión se ha dirigido hacia el histórico y emblemático asilo de la Hermanitas de los Pobres, donde se ha cantado la Salve, para después seguir su ruta por las diversas zonas del pueblo, siendo novedad este año el reparto de bizcochos y vino dulce en la calle Progreso cuando la comitiva ya va en dirección hacia la recogida.