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'Las hogaretas'

"Así llamábamos a las hogueras de la noche de San Juan cuando éramos críos. Ahora, que el término se está perdiendo, estamos ante la primera vez en mucho tiempo en que las autoridades locales prohíben su celebración a los chavales que montan las piras.

En este mundo todo es cultural. Lo que en un lugar es raro en otro es normal. Depende donde esté cada uno. Los ejemplos son innumerables. En nuestro país tenemos casos muy actuales, pues mientras en Galicia se autorizan las celebraciones de verbenas y de mítines políticos (están en elecciones autonómicas) con limites de aforo, en otros lugares, como nuestra tierra, no se ve voluntad en esos terrenos de diversión y encuentro popular. Un ejemplo son las hogaretas, una tradición que no organizan los consistorios, sino los chavales del entorno donde se levanta la hoguera de Juan y Juana. Su celebración ha sido prohibida en Cartagena y en La Unión por seguridad sanitaria en tiempos del Covid-19, lo que, por lo que nos ha llegado, no acaban de entender muchos adultos, entre los que me incluyo. Además, me parece que nadie quita que, como está sucediendo todos estos días previos (son las mismas escenas del pasado año y al verlos nadie diría que hemos tenido lo que hemos tenido), las explosiones de petardos y otros elementos del gremio se sucedan entre los menores. Esa noche seguro que tendremos un gran festival.

¿Por qué en unos sitios sí y en otros no? ¿Son ‘suicidas’ unos o excesivamente temerosos otros? A saber. Ya se ha visto durante la pandemia que cada país ha ido a ’su bola’, que no hay existido unanimidad de actuación y que todos proclamaban que se basaban en consejos de las autoridades sanitarias. Todo es cuestión de lugar donde se esté y cada autoridad te explicará perfectamente porqué ha tomado su decisión.

Soy de los piensan que se puede combinar ocio con seguridad sanitaria. La cuestión es fijar las normas dentro de la ‘nueva normalidad’ (ya no somos ‘topos encerrados’) y dentro de ella poder celebrar verbenas y otros espectáculos al aire libre no multitudinarios, pues otra historia mucho más delicada son Carthagineses y Romanos, Fiestas del Rosario, Semana Santa, Cante de las Minas, etc. Y dentro de este planteamiento, unas dudas en un ejemplo: ¿Se habilitará una pantalla gigante para seguir el partido del FC Cartagena en pos del ascenso?. Y si lo consigue, es más: ¿Se festejaría su ascenso al fútbol profesional? Tercera cuestión: ¿Qué sería mejor: prohibirlo o marcar unas normas? Con la fuerte restricción de la Comunidad Autónoma de fijar un tope de cien personas en eventos al aire libre ya cabe descartar su viabilidad. ¿Será así?

Las hogaretas es una tradición de barrios y, especialmente, de pueblos. No es un hábito urbano, abarcando cada pira a núcleos de población reducidos y cuya gran mayoría en absoluto suele congregar al centenar de almas, y mucho menos atraen a visitantes. Si con esas circunstancias existen riesgos enormes, pues habrá que olvidarse de todo lo demás.

Puede ser que nadie de los que mandan se atreva a mover ficha hasta ver que hacen ‘otros’ (o lo que pasa en otros lugares) y también que el humo de estas hogueras tape en realidad la finalidad de un ahorro económico en horas extras de bomberos y policías, por ejemplo. No lo sé, pero sigo convencido de que (casi) todo es regulable.

Y respecto al temor de contagio, también hay quienes comentan que más peligro traen la apertura de fronteras a los turistas extranjeros o la llegada de españoles de territorios con más incidencia de la pandemia que actividades de ocio popular no multitudinarias. Toda opinión es respetable y si ponemos la palabra `puede' a una frase, todo es posible.

Al final estamos en un mar de dudas. No discuto que aún seguimos inmersos en la ‘crisis sanitaria’ y rechazo, como también he escuchado, que hemos entrado en la época de ‘post-coronavirus’. En absoluto. El riesgo sigue ahí, pero para eso están las normas de seguridad sanitaria que hay que cumplir y el sentido común. Rebrotes pueden surgir en cualquier lugar, como se está viendo, y ahí lo importante es la capacidad de reacción, localización y control. Ahí, según dice Don Simón (el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias), la capacidad del sistema ahora mismo en España no tiene nada que ver a cuando saltaron todas las alarmas en marzo. Lo que no es lógico es comportarnos en la 'nueva normalidad' como si estuviéramos en la Fase 1 de la desescalada ni viceversa.

Después de un confinamiento como el que hemos tenido en nuestras vidas es una pena la sensación de que en mucho tiempo el ocio de calle entre los vecinos no tenga pintas de llegar y que ni se le espere hasta que alguien descubra la vacuna. Puede pasar mucho tiempo y no creo que sea bueno para la salud de una sociedad mantener sus preocupaciones y aparcar el ocio. El espíritu negativo se puede disparar.

Y dicho todo esto, que quede claro que por encima de todo está la ley. Es decir, puedo pensar que las hogaretas podrían encenderse pero eso no quita que si están prohibidas… están prohibidas y que hay que acatarlo como buenos ciudadanos.

Ha sido una simple reflexión dentro de la ‘nueva normalidad’, pero seguro que estoy equivocado y que todo está ‘ferpecto’.



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