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El Cristo del Socorro gana ‘votantes’ en la madrugada

'El Cuco' dedicando una saeta al Cristo del Socorro

El vía crucis que abre las  procesiones de España cruzó la ciudad con un cortejo del siglo XVII arropado por una multitud de espectadores. GALERÍA DE FOTOS (pinchar aquí)


El 12 de abril comenzó de forma muy intensa. Nada más cruzar la medianoche comenzaba el día de la Virgen de la Caridad y los Trovadores la cantaban en su templo, pero a la vez tenía lugar la pegada de carteles de los partidos en el inicio de una campaña electoral en la que los políticos se lanzan en busca de votos. No estará en las urnas, pero la que sí ha ganado votantes es la procesión organizada por la Cofradía del Cristo del Socorro, pues cada vez salen más personas a su ‘camino de la cruz’, el cortejo pasionario más humilde de los que celebra en Cartagena y que está dirigido para la petición de paz en el mundo.



Los penitentes llevan sus rostros ocultos, un cordón por cíngulo y la cera es lo que alumbra los hachotes. Máximo recogimiento. Silencio total, que sólo se rompe por el golpe del tambor en la marcha, el tintineo de la campanilla y por la oración en cada una de las catorce estaciones.

Tras la imposición de escapularios, un cohete estalló en el cielo a las tres media. El estandarte daba sus primeros pasos desde lo alto de la calle Concepción, en la carpa estrenada hace unos años en el parque de la Cornisa. Las gaviotas acompaña esos momentos, al igual que el agradable y fuerte olor de alelíes que van en el trono de la Virgen de la Soledad del Consuelo, la única madre de Jesús que abre un desfile pasionario cartagenero, siendo ésta otra seña de identidad.

Detrás, el Cristo del Socorro con la cruz tumbada sobre una loma floreada con los colores rojo, morado y verde. Todavía en descenso llega la primera estación: Jesús es condenado a muerte. Se escucha por la megafonía instalada en diversos puntos del cortejo la voz del capellán del Socorro, Lázaro Gomariz, quien entre sus acompañantes lleva a su antecesor, José Manuel Martínez Rosique, ahora divulgando la palabra de Dios en Calasparra.  

Segunda estación: Jesús carga con una cruz “que no es la suya, sino la nuestra”. Al llegar los tronos a la plaza de San Ginés un mar de devoción espera en una noche que algunos quieren comparar con el popular Encuentro de los marrajos. Es cierto que hay mucha gente y que para algunos es una excusa para ir de copa en copa, pero se reflejó que por ‘goleada’ ganaron los que a esas horas de la madrugada fueron a ver el vía crucis, procesión en la que cualuquier persona puede incorporarse o salirse durante el recorrido a una formación procesionista que cierran los amigos de la capa y las promesas.

En ese lugar, primera batería de saetas con las voces de Lola y José Cayuela a ambas imágenes, además de ‘El Cuco’ a los pies del Cristo. ‘Jesús cae por primera vez’. Siguen las estaciones. La quinta tiene lugar en la salida de la calle Cuatro Santos, muy cerca de la iglesia de Santa María, donde espera la Virgen del Rosell, patrona de la ciudad del año 1691, cuando se inició este origen. Han cambiado algunas cosas en cuanto a su encuentro con el vía crucis. Antes los protagonistas se adentraban en la iglesia. Ahora es la imagen la que sale a recibirlos. Mientras se le tributa la primera Salve de esta Semana Santa y le entregan flores, ambos tronos ya no son ‘bailados’ sobre la rampa, sino unos metros más alejados.

El Cristo con la Catedral Vieja, el lugar de donde partía antaño, al fondo

Son las cinco menos cinco de la madrugada. El desfile se reanuda junto a los andamios de Santa María y se dirige a los que están junto al Monumento del Procesionista. Paso por Capitanía, calle Honda, plaza de San Francisco y hacia la Real Basílica Menor de la Caridad, cuyos asientos llevan ocupados, al menos, una hora antes de llegar el vía crucis. Se celebra la eucaristía y se afronta la recta final. En la plaza de San Ginés se despiden Cristo y María del Consuelo en otro acto muy emotivo. El crucificado regresa al lugar de salida a hombros de portapasos que suben al cuesta a ‘ritmo de legionario’. La Virgen marcha hacia Santa María.

La procesión, un año más, deja un gran sabor para la gran familia de esta cofradía que capitanea Manuel Martínez Guillén. Jesús ha vuelto a recorrer el camino de la cruz y cada vez lo hace con más ‘votantes’.