Californios a paso ligero

Todo el mundo alzaba los ojos al cielo de vez en cuando a la hora prevista para que empezara la procesión del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima del Rosario. No era con intención contemplativa, sino por los nubarrones que cubrían Cartagena. La primera y más joven procesión california tenía que esperar 25 minutos para que se abrieran las puertas de la Iglesia de Santa María, debido a un tímido chispeo que recomendaba el retraso. Finalmente se inició la salida de la procesión más femenina de la Semana Santa cartagenera entre aplausos de la concurrencia. El paso fue más ligero de lo habitual ante la amenaza celeste, pero siempre guardando la solemnidad, y con la precaución de cubrir con plástico el palio de hilo de oro de la imagen de la Virgen del Rosario.


Los jóvenes granaderos abrían la procesión tras el carro bocina, con el emblema de la linterna sorda cruzada por las anclas de la esperanza, obra de Rafael Terón. Se oían los comentarios de locales y foráneos, admirados por el orden y la corrección en el paso de los niños de entre 6 y 13 años. Casi parece que hubieran aprendido a desfilar al mismo tiempo que a andar, girando las esquinas de las calles a imitación de sus mayores y despertando el aplauso y la sonrisa sorprendida de los que siguieron el evento en la calle.

Tras ellos marcaba el paso el Tercio Femenino de la Oración del Huerto, con los hachotes y la iluminación de cera característica de esta procesión, que le da un ambiente especial. Arrastrando la cola de sus túnicas negras, que busca imitar la indumentaria tradicional del siglo XVIII, acompañaron al carro alegoría de Los Siete Dolores. El martes volverán a recorrer el casco histórico. Acompañaba la música de la Agrupación Musical Villa de Fuente Álamo, con un metalófono que daba un toque brillante a cada compás.

El Tercio Femenino  de la Virgen del Primer Dolor, de azul y blanco, acompañaba al trono de Jesús y la Santísima Virgen en Casa de Lázaro. Primera escena de esta procesión conocida como la de los Hernández por el escultor de todas las escenas que salen este día, José Hernández. Los giros del trono en las esquinas, con la perfección y la elegancia que distinguen el danzar cartagenero de los tronos, arrancaba aplausos entre los presentes.

Alguna gota tímida se podía sentir, cuando el Tercio Femenino del Ósculo, de rojo fuego y negro, bajaba por la calle Cañón. Sus portapasos, las primeras de la Semana Santa en Cartagena allá por los primeros años de este milenio, portaban el trono de la Despedida de Jesús de la Virgen. Les escoltaba personal femenino de la Policía Local de Cartagena y marchaban al son de la Sociedad Artístico Musical Santa Cecilia de Pozo Estrecho. A continuación, el Santísimo y Real Cristo de la Misericordia iba portado por el tercio al que da nombre, imagen titular y primigenia de esta procesión del día de la Patrona.

La novedad de este año la portaban en sus manos el Tercio de la Virgen del Rosario, que ha restaurado los hachotes y las tulipas de cristal a juego con las que adornan el trono de la Virgen. Tras la Cruz de Guía que les encabeza, de estilo más andaluz que cartagenero, marchaban los hermanos cofrades, con capuz azul y túnica y capa blanca, con el orden y la marcialidad que distinguen las procesiones de la ciudad. A paso ligero y con el plástico sobre el palio de la Virgen, para proteger la delicada talla y las telas de hilo de seda, oro y plata, recorrieron las calles de Cartagena despertando a su paso los “Viva la Virgen del Rosario” espontáneos, que arrancaban vivas de la concurrencia.

La multitud se dispersaba y abandonaba calles y terrazas del centro de Cartagena. Se iban a casa algunos, otros a locales cercanos, para esperar la hora de recogida de la virgen y volver a la calle del Aire a cantar la tradicional Salve.

 

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