La segunda jornada del Congreso de Técnicos de Enfermería gira en torno al derecho a morir dignamente

Escrito por Sindicato de Técnicos de Enfermería. 2 de junio de 2017, viernes

“La atención a un paciente con pocas, o ninguna posibilidad de recuperación puede estar limitando la atención de otro que sí es recuperable”. Esta es una de las conclusiones planteadas por las autoras de la ponencia ‘Humanizar la muerte’, María Ángeles Regueiro Ruiz, María del Carmen Zurdo Codón, Montserrat Pérez López y Josune Dorronsoro Barrueta en la segunda jornada del Congreso de Técnicos de Enfermería que ha concluido hoy y que ha tenido como tema central la bioética.


“El cuidado es la máxima expresión de comunicación entre los seres vivos. Es algo que va más allá de una simple relación entre humanos. Por todo ello, los TCE de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) deben poseer una filosofía integradora que incluya conocimientos afectivos, emocionales, científicos y tecnológicos”.


“El objetivo no es solo salvar vidas y curar enfermedades; también debe ser capaz de reconocer en qué momento renunciar a ello y reorientar los esfuerzos para aliviar el sufrimiento, consolar al paciente y ayudarlo a morir con dignidad”,, han manifestado estas autoras que piden “una reflexión de todos los profesionales de la salud acerca de esta temática para, además de evitar el dolor y la angustia del paciente, ayudar a definir una serie de estrategias adecuadas ante la muerte. Y es que, a calidad de atención de los profesionales durante la fase final de la vida del paciente contribuye en gran medida a una muerte pacífica y digna y reconforta a los miembros de la familia en el duelo y en el proceso de aceptación de la pérdida”.


“En la UCI se encuentran pacientes graves o en estado crítico y, tanto en los enfermos recuperables como en los no recuperables se utilizan tratamientos, equipos sofisticados y diferentes procedimientos diagnósticos y terapéuticos. A veces, se produce encarnizamiento terapéutico cuando se insiste en la aplicación de medidas desproporcionadas cuyo beneficio real es poco probable en pacientes graves, que con la experiencia previa e índices pronósticos son considerados terminales o no recuperables y, aún así, se continúan aplicando estas medidas a pesar de las molestias, riesgos, costos económicos y morales”, lo que para estas autoras es una conducta que no tiene justificación técnica ni ética.


“El dilema bioético al que se enfrenta el equipo de salud en una UCI cuando debe decidir iniciar o suspender las medidas de soporte vital es muy complejo y debe ser analizado de forma sistemática y con un perfil multidisciplinario”.


Recuerdan también que, en la actualidad, “la mayoría de las personas mueren en las camas de los hospitales o en su domicilio, tratadas por profesionales de la salud. Los cuidados médicos en pacientes en estado terminal son uno de los temas más discutidos en el ámbito médico, jurídico, político, ético y social. Las Unidades de Cuidados Intensivos consumen aproximadamente el 15% del presupuesto hospitalario y en las dos últimas semanas de vida, se gasta el 50% de lo que esa persona gastó en toda su vida sana. Se plantean entonces dudas como: ¿Se justifica la utilización de tecnología en todos los pacientes? ¿En qué momento suspenderla? ¿Cómo evaluar la relación costos-beneficios para hacerla eficiente y justa?”


Las autoras recurren a los estudios éticos realizados ante estas situaciones y a “algunos conceptos para facilitar su comprensión. La eutanasia debe entenderse como la conducta intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por compasión o por razones médicas; la ortotanasia se refiere a permitir que la muerte ocurra cuando debe ocurrir, con la atención de los profesionales de la salud capacitados para otorgar al paciente todos los cuidados y tratamientos para disminuir el sufrimiento, pero sin alterar el curso de la enfermedad y, por lo tanto, el curso de la muerte”.


Apuntan, asimismo, al concepto de “distanasia, que se refiere a la prolongación innecesaria del sufrimiento de una persona con una enfermedad terminal, mediante tratamientos o acciones que de alguna manera ‘calman’ los síntomas que tiene y tratan de manera parcial el problema, pero con el inconveniente de estar prolongando la vida sin tomar en cuenta la calidad de la misma. También puede ser llamada obstinación terapéutica. Los cuidados paliativos y el respeto a los derechos del paciente son medios eficaces para prevenir la práctica de la distanasia”.


“Estos temas son actualmente motivo de debate, pues hay quienes creen que el ser humano no tiene el derecho a decidir sobre la vida humana y, por otro lado, hay quienes se promulgan a favor de la vida y en contra del sufrimiento. Estos  conceptos en la Ética sólo se han legalizado y llevado a la práctica en Holanda y Bélgica, mientras en otros países, como el nuestro, no se han aprobado aún y, concluyen estos autores, que son muchos los progresos que hay que hacerse en esta materia”.

 
Los profesionales sanitarios actúan de mediadores ante la diversidad cultural

La Diversidad cultural ha sido el eje sobre el que Francisca Romero Navarro, María Llanos Lloret Cifuentes, María Ángeles Sánchez Carretero y Encarna Ros Serrano han centrado su intervención afirmando que “el movimiento migratorio en las últimas décadas ha planteado en los servicios sanitarios la necesidad de encontrar propuestas creativas que disminuyan las dificultades que se establecen tanto en el acceso como en el proceso de la relación que existe entre el profesional y el paciente extranjero para ayudarnos a entender, respetar y valorar la importancia en las competencias culturales de los profesionales de enfermería”.


“La asistencia sanitaria a los extranjeros está garantizada por ley, aunque esta no se pronuncia sobre aspectos concretos que puedan surgir de la herencia cultural de estos pacientes a la hora de conciliar nuestras normas y sus arraigadas costumbres. Somos nosotros, los profesionales sanitarios, los que actuamos muchas veces de mediadores. Mediar no es sólo traducir las palabras, sino que va más allá, abarcando todos los aspectos de la comunicación no verbal”.


“Además -continúan-  de conocimientos lingüísticos se deben tener presentes datos de la sociedad y la cultura a la que pertenece el paciente extranjero: relaciones de parentesco, religión, percepción de lo que significa la salud y la enfermedad, costumbre y aspectos culturales relevantes”.


Finalizan su intervención afirmando que “es necesario ofrecer unos cuidados de calidad adaptados a sus necesidades. Los profesionales  se enfrentan a dificultades como la barrera del idioma, pero también al miedo del paciente que se presenta por diferentes causas e incluso la falta de apoyo familiar”.

 

Derecho a morir con dignidad

Asimismo, otros autores han centrado sus intervenciones en el derecho a morir con dignidad. En este sentido, Isabel Sánchez López, Antonia García García, Llanos Jiménez Pérez y Ana María Pimentel Ibáñez, autores de la ponencia, han manifestado que “la idea que el hombre tiene del derecho a morir con dignidad ha dominado el debate bioético contemporáneo relacionado con el fin de la vida humana y de esta idea surge la de la limitación de esfuerzo terapéutico que se justifica en la desproporción entre los fines y los medios a utilizar para el mantenimiento de la vida. Es decir, esta limitación de esfuerzo terapéutico consiste en no aplicar medidas extraordinarias o desproporcionadas para la finalidad terapéutica que se plantea en pacientes con mal pronóstico y/o mala calidad de vida, es decir, no iniciar determinadas medidas o retirarlas cuando están instauradas”.


“La AET es una situación que se presenta a menudo en la Unidad de Cuidados Intensivos. Los principios bioéticos involucrados (justicia, autonomía, dignidad, beneficencia, no maleficencia y vulnerabilidad) son los responsables de la dificultad de la toma de decisiones sobre la conducta terapéutica a seguir con cada paciente”.


“El proceso de toma de decisión para suspender las terapias genera estrés en los familiares de los pacientes, por lo tanto, es necesario acompañarlos en esta situación. La implicación del personal de enfermería que participa de forma activa en el tratamiento del soporte vital debe ser organizada y planificada, y en consenso con cada uno de los profesionales involucrados en el cuidado del paciente para evitar la descoordinación a la hora de implantar los protocolos de actuación que, en cualquier caso, debe aplicarse bajo la exigencia de no abandonar nunca los cuidados ordinarios y la atención del paciente”, han finalizado los autores.


Por otro lado, la ponente Maribel Iniesta Martínez se ha planteado en su intervención ‘Mientras la vida merezca ese nombre’ que “la vida tiene un final y depende de cómo sea, podremos decir que se ha vivido dignamente y se ha muerto dignamente. El personal sanitario juega un papel muy importante en esto último. ¿Hasta cuándo podemos hablar de que realmente vivimos, no de que estemos vivos?”.


“Para poder atribuir a la vida la condición de humana es necesario que concurran ciertos requisitos, entre ellos, la autonomía, la libertad y la razón. Como consecuencia de lo anterior, se podría deducir que cuando estos requisitos desaparecen la vida deja de existir aunque la persona continúe viva”.


En este sentido, ha manifestado que “el empeño por alargar lo inevitable prolongando la agonía es común en nuestros hospitales pero el objetivo de la bioética es mantener la dignidad de la vida. La deshumanización se ha extendido de tal forma que nos ha llevado a la despersonalización y ésta conlleva a la pérdida de cualidades humanas convirtiéndolas en frialdad y pérdida de valores que repercuten en la dimensión emocional hacia el paciente que se convierte en un número y  nadie recuerda su nombre. Pero una vez que somos conscientes de la gran pérdida de nuestro carisma como cuidadores de la salud debemos volver a nuestros orígenes y encaminar nuestros pasos a la humanización, a la atención y la cercanía que favorece la autonomía en el enfermo y sus familiares, la sensación de volver a ser objeto activo y partícipe en el proceso de su enfermedad”.


“Hay que aceptar y permitir que el enfermo muera sin prolongar una agonía insufrible para él y sus seres queridos. Es necesario ser conscientes de ello, reflexionar e individualizar en cada caso el riesgo/beneficio de someter al paciente a procedimientos invasivos que, en muchos casos, no hacen más que aumentar el sufrimiento, sin mejorar la supervivencia ni la calidad de vida. En los hospitales existen Unidades de Cuidados Paliativos compuestos por equipos casi exclusivamente médicos, que proporcionan toda clase de analgesia para evitar el dolor de la persona; pero el enfermo terminal no sólo necesita tratamiento para paliar su dolor”.

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