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Roma conquista Qart-Hadast y se emplaza para una nueva misión

El gran combate por la toma de la ciudad, protagonizado por más de mil festeros, volvió a estar arropado por una multitud y ahora el Senado abordará tras las fiestas que la batalla deje de ser acto romano para pasar bajo la dirección de la Federación de Tropas y Legiones, lo que le permitirá recuperar el circo. 



El Senado Romano, con la colaboración del bando carthaginés, es el encargado de organizar la gran batalla 'De Qart-Hadast a Carthago Nova' desde el origen de las fiestas, lo que podría variar en el futuro si la directiva que preside Javier Isbert consigue que el acto pase a ser conjunto bajo el máximo organismo festero, lo que le permitiría destinar dinero a recuperar el circo romano, ausente desde hace tiempo. El asunto se abordará tras las fiestas y la idea de los romanos es que en 2024 ya hayan soltado la batalla y recogido el circo.

Dicho esto, vamos a lo que ha sido este año la toma de Qart-Hadast por parte de las legiones, que ha estado precedida del desembarco de la armada y de un desfile hasta la Cuesta del Batel. Ni ha sido la mejor ni la peor. Es como un partido deportivo. Los hay muy buenos, muy malos y los que no pasarán a la historia. Esto último se corresponde con lo visto esta tarde. Hemos recibido comentarios muy negativos de festeros y no festeros (seis, por concretar), pero nuestra opinión no llega a tanto. Sí es cierto que fue más dinámica la de 2022, pero hay niveles. El propio Alfonso Martínez, quien lleva 15 años dirigiendo la batalla, creo que sabe que no siempre salen las cosas como se planean, se esperan o se desean.



Las primeras novedades que observó el espectador sentado (se habían vendido todas las más de mil quinientas localidades) y de pie es que ha desaparecido el vallado que rodeado el campo de batalla muchos años y que no estaba la gran pantalla de la anterior edición (supongo por falta de recursos económicos). El inicio de la escena también ha sido agradable por novedosos movimientos de tropas, haciendo más uso de los laterales, pero luego se han producido algunos parones y el primer combate ha llegado casi media hora después del inicio. Es cierto que con la voz en off hay que situar al espectador, al igual que con los diálogos y arengas de Escipión (Javier Argudo) y Magón Giscón (Nacho Murcia), pero tras seis jornadas con actos teatrales en las fiestas, pienso que en la batalla debe mandar la acción y que, quizás, se pudieran reducir la primera parte. Otra novedad es que no se han visto 'las cabezas cortadas' y apenas 'muertos' sobre el césped. Ahí ya es sobre gustos. Ahora me centro en los combates. Corto pero bueno el primero, me ha gustado mucho el segundo (destaco los choques de escudos y duelos particulares a espada) y me ha defraudado el definitivo. La obra había ido a más en su desarrollo, pero en ese último enfrentamiento las cosas no han salido como se esperaba por parte de su dirección. Se había ideado este año que los romanos envolvieran a los carthagineses con sus legiones terrestres y la llegada de los navales de Cayo Lelio, pero es algo que sólo han visto los que estaban en lo alto de la muralla, pues para la mayoría de público la escena ha estado ocultada por los muchos combatientes que estaba parados alrededor de la escena, creando un muro que ocultaba todo en lugar de una abertura que haría de 'ventana' hacia la zona de graderío. Aquí, un año más, quiero volver a decir a los festeros que desde fuera queda muy mal que cuando llegan los enfrentamientos unos estén riéndose y otros se queden como estacas. No es difícil buscar una 'pareja de baile' del enemigo. Por cierto, sí me ha gustado que los púnicos, cuando perdían, se fuesen por la espalda de los romanos y no volvieran sobre sus pasos, pues despejaba la visualización de lugar a conquistar. El espectáculo ganaría en vistosidad. Y el último apunte está en el final. Todo muy bien salvo dos personas con una cámara grabando muy encima de Escipión y Magón (buena interpretación de ambos) cuando se entrega la falcata. Un par de metros atrás hubiese facilitado el trabajo de los fotógrafos. Ah, que se me olvidaba, también me ha agradado que los 'derrotados' no desaparezcan de golpe del verde y que se hayan marchado chocando sus falcatas con las gladios romanas.



Zenón de Palus y Polibio de Megalópolis han sido los narradores de un hecho histórico que tuvo lugar hace 2.232 años en lo que hoy es Cartagena y que han representado 1.200 festeros durante una hora. "Aquí cambiará la historia", se anuncia por megafonía antes de situar a los bandos, uno en Qart-Hadast con mil o dos mil defensores y otro que ha montado campamento al otro lado del ismo con 25.000 efectivos de infantería, con 2.500 jinetes más la flota que lidera Cayo Lelio, quienes aprovechan que el ejército púnico más próximo está a diez días Los defensores de la ciudad están dispuestos a aguantar, pero la realidad es que en aquella primavera en un día tuvieron que rendir la ciudad. Bueno, vayamos al desarrollo cronológico. Magón Giscón y Escipión, ambos a caballo, se encuentro para parlamentar, pero no hay entente. El romano regresa para soltar una arenga clara. "¡Una batalla se puede ganar con armas, pero una guerra sólo con la mente. ¡Vamos a ganar!". Magón, por su parte, recalca a los suyos que lucha por no caer ante el yugo romano y seguir libres. "¡Muerte a las águilas, muerte a Roma!".

La primera aproximación romana la repelen los defensores, que después atacan en unos primeros enfrentamientos enriquecidos con hondas, flechas, lanzas y catapultas. El peligro para los púnicos no se había disipado. Hay un duelo con caballería y el segundo enfrentamiento, bastante vistoso. Los romanos van ganando metros y ya están cerca de la puerta de Qart-Hadast. "Carthago no se rinde", grita Magón. "¡Muerte o victoria!", por su parte, es el grito que precede a la última oleada de 'las águilas', en la que rodean al enemigo con el apoyo de los hombres de Cayo Lelio, que, según la historia, aprovecharon la bajada de la marea para sorprender a los residentes por otro lado de las murallas. Por cierto, durante este tramo se escucha que íberos y celtas han aceptado la oferta de Escipión, cambiando de bando. A las siete y cinco de la tarde se escucha: "¡Victoria!". Sobre la muralla se encienden las rojas antorchas de los 'extraordinarii' y sobre el terreno se lleva a cabo la rendición de Magón Giscón ante un magnánimo Escipión, quien acepta darle un salvoconducto a los derrotados. Tengo entendido que la historia no fue así y que el vencedor, como era normal, arrasaba con el vencido en ésta y en otras innumerables batallas, pero estamos en fiestas y no está mal el final feliz. Por cierto, también está escrito que Magón Barca días más tarde trató después de reconquistar la plaza, pero no lo consiguió..., pero eso es otra historia.



La que nos interesa culminó con las palabras jubilosas del patricio Escipión, quien proclama que desde hoy la ciudad es "Carthago Nova", para después dedicar varias salves, para culminar con una fuerte voz desgarrada gritando "¡Viva Cartagena!". La tradicional voz en off que recuerda los nombres que ha tenido la ciudad y el orgullo de las gentes de esta tierra es la antesala del broche que ponen aplausos y explosiones en el cielo.

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